Canterbury golpea primero contra un voluntarioso San Agustín. Sin embargo, el conjunto isleño comunicó que no podrá asistir a la final prevista por lo que los tres participantes que quedan en liza acordaron disputar un nuevo sistema de competición basado en un triangular para decidir el campeón femenino.
Ambas debutaban en una fase final de Series Colegiales y la fortuna acabó sonríendo a Canterbury. Tan sólo una conseguiría el premio de la victoria en la semifinal y las canarias se llevaron el gato al agua con una victoria que certificaron en una recta final de partido en el que cortaron en seco los múltiples intentos de remontada de su rival.
La ilusión de las chicas de Canterbury fue el ingrediente perfecto para cocinar a toda mecha una sálida fulgurante del conjunto dirigido por Águeda Delgado y liderado por una omnipresente Quevedo. El primer envite de Canterbury hacía sonreír a las canarias quiénes no tardaron en darse cuenta del peligro de San Agustín. Las representantes del Blancos de Rueda Valladolid se armaron de valor gracias a una zona presionante que atragantó las operaciones canarias para igualar de nuevo el encuentro comandadas por la muñeca de Arguiñano.
Nada pareció cambiar en el segundo cuarto. Canarias y vallisoletanas parecían haberse tomado la medida sin dar su brazo a torcer al rival. Las chicas de Canterbury consiguieron mantener su renta en un periodo en el que las defensas neutralizaron el acierto ofensivo de ambos conjuntos. San Agustín supo tener la paciencia y temple suficiente para mantenerse firme a remolque de las canarias dejando el partido abierto para la segunda parte (30-26 min.20).
El descanso pareció insuflar una dosis extra de motivación a ambos equipos. Canterbury y San Agustín mostraron su mejor versión amparadas en sus dos jugadoras clave: Quevedo y Arguiñano. La vallisoletana fue el pulmón que lideró los intentos de remontada de un San Agustín que fue incapaz de reducir sus errores dando alas al conjunto canario para administrar con serenidad su renta.
Fue un intercambio de golpes constante en el que Canterbury supo aguantar con maestría para comer la moral de su rival en el instante preciso. San Agustín veía incapaz darle la vuelta al marcador pese a la voluntad y tesón de las suyas y las canarias aprovecharon para conseguir una renta definitiva (50 -43 min.32) que tan sólo tuvieron que conservar hasta el final del encuentro.